2.1 Orígenes — Historia de los Ángeles del Ocaso
El paso de los Ángeles de la Muerte fue una campaña de venganza que los Ángeles Oscuros y su primarca, Lion El Jonson, llevaron a cabo sobre los planetas de las legiones traidoras. La Legión siguió a su señor en una ordalía de destrucción en la que se utilizaron antiguas armas prohibidas.
En algún punto de la campaña, el León autorizó la creación de una fuerza de combate con la misión de dar caza a flotas enemigas, tanto a las que se enfrentaban en sus viajes espaciales como a las fuerzas que habían quedado rezagadas del Asedio de Terra.
Esta fuerza estaba diseñada, originalmente, para realizar acciones de abordaje y asaltos en el vacío, por lo que estaba formada por naves rápidas y poderosas. Las tropas se componían principalmente de legionarios de la Deathwing y con un destacamento de apoyo bastante numeroso de la Firewing. Las directrices de esta fuerza eran claras: asaltar y destruir todas las flotas enemigas y sus puestos de mando allí donde los encontrasen. Eran cazadores.
Los líderes de ambas fuerzas unidas para esta misión eran dos guerreros destacados de la Primera Legión: el Maestre Mikha'el del Ala de la Muerte y el capitán Gavrion del Ala de Fuego. Mikha'el era un guerrero veterano de los tiempos antiguos de Caliban. Fue reclutado poco después de que el Emperador llegase al planeta y se encontrase con su hijo perdido, y acompañó a Lion en toda la Gran Cruzada y el conflicto de la Herejía de Horus.
Por su parte, Gavrion también era natural de Caliban, pero ya no había visto sus bosques y su naturaleza, pues había nacido ya en plena era imperial. Gavrion ascendió como Astartes al inicio de la Herejía de Horus, y la Cruzada de Tramas fue el crisol de batalla donde se convirtió en un líder y se especializó en las acciones de subterfugio de su Ala.
En esta fuerza, en la que se encontraba el germen de lo que más tarde serían los Ángeles del Ocaso, se había asignado un arma que, durante muchos años, estuvo fuera del arsenal de la Primera Legión: un contingente psíquico del Librarius. El Primarca había autorizado su uso finalmente, desdeñando el edicto de Nikaea porque necesitaba toda la fuerza para su campaña de venganza. En este caso, además, eran fundamentales para que esta fuerza de combate navegase y se moviese rápidamente por la Disformidad, sin olvidar su utilidad contra los Nuncanatos, que cada vez eran más frecuentes.
Estos bibliotecarios se encontraban liderados por Uriel "el Oráculo". Uriel era una figura extraña, un poderoso psíquico terrano que venía de los primeros tiempos de la Legión. Combatiente experimentado, táctico avanzado y con una capacidad superior para ver el futuro, durante años vivió en el exilio autoimpuesto por su Primarca. Qué hizo o dejó de hacer durante ese tiempo es un misterio, ya que no volvió a Caliban ni se integró en la Legión como un combatiente más. Pero cuando fue reclamado por Lion, acudió a la llamada acompañado por un grupo de bibliotecarios que él mismo había entrenado. Aunque el León no confiaba del todo en Uriel, a estas alturas no le quedaba más que lanzar toda su fuerza a la batalla y decidió asignarle a esta misión secundaria junto a su extraña orden.
Lo cierto es que los bibliotecarios fueron muy útiles como guías para la flota. No solo facilitaban la localización del Astronomicón y otros faros en la Disformidad, sino que ayudaron a los combatientes Astartes a elegir las mejores rutas de aproximación a sistemas o flotas enemigas, permitiéndoles tener ventaja en batalla. Se convirtieron en una pieza clave en las doctrinas de combate que se iban empleando a medida que las campañas y cacerías se sucedían. El propio Uriel y su capacidad de lectura del Tarot Imperial se convirtieron en un elemento clave para las decisiones estratégicas de los otros líderes del grupo de combate.
Durante un tiempo incierto, puesto que no quedan registros oficiales ni temporales, la fuerza de represalia siguió combatiendo contra flotas enemigas. Al principio sus presas eran tropas que protegían los sistemas traidores y también flotas y fuerzas rezagadas que campaban a sus anchas. Más tarde su objetivo fueron las flotas que huían hacia el Ojo del Terror tras la muerte del Señor de la Guerra. Así fueron cazando a través del vacío a distintas fuerzas traidoras. Cada batalla y persecución los alejaba cada vez más de la fuerza principal de sus hermanos, hasta el punto de que cuando Lion El Jonson decidió regresar a Caliban, esta flota ya operaba de manera independiente, siguiendo sus directrices y órdenes originales, pero a años luz de distancia.
A medida que se alejaban de la fuerza principal y de sus hermanos, un gran sentido de hermandad se extendió entre los combatientes. Se veían a sí mismos como antiguos cazadores de Caliban, caballeros con la orden de proteger el reino y cazar a presas peligrosas. Comenzaron a surgir ritos y tradiciones internas basadas en las doctrinas tradicionales de la Legión y del antiguo Caliban. Se forjaron doctrinas de combate, rutinas y estrategias nuevas durante esa caza. Al mismo tiempo, los tres líderes aprendieron a combatir de manera coordinada y efectiva, sacando el máximo de su pequeña flota y aprendiendo de la nueva era a la que se enfrentaban en cada caza.
1. Index Astartes — Summa Angeli Occasus
Los Ángeles del Ocaso son un capítulo sucesor de los Ángeles Oscuros. Los primeros registros los sitúan en la Tercera Fundación, pero todo indica que operaban de manera independiente tras la Purga posterior a la Herejía de Horus.
Son un capítulo basado en flota ya que no tienen un planeta capitular y nacieron como una fuerza de combate naval. Como cualquier Capítulo Astartes, son duchos en todas las artes de la guerra, pero se han especializado en tácticas de destrucción de la estructura de mando enemiga, ya sea mediante precisos asaltos o a través de operaciones encubiertas de asesinato y sabotaje.
Al tratarse de sucesores directos de la Legión de los Ángeles Oscuros, se consideran un capítulo de No Perdonados y han adoptado, en parte, la estructura de sus ancestros: un Círculo Interior como organización de mando, el Concilio, y dos alas especializadas equivalentes a la Primera y Segunda Compañía: las Alas del Ocaso.
Su primera compañía puede equipararse al Ala de Muerte en muchos aspectos: desde su nombre, el Ala de Ruina (Doomwing), hasta el hecho de que todos sus miembros entren en batalla con armaduras de Exterminador. En cuanto a la segunda, el Ala Espectral (Wraithwing), es completamente divergente de la de sus hermanos No Perdonados: se trata de guerreros especializados en infiltración, subterfugio, sabotaje y asesinato. Aunque valoran el poder de los asaltos relámpago, los Ángeles del Ocaso integran sus unidades montadas y antigravitatorias dentro de su estructura de combate ordinaria y no como un ala especializada.
Su divergencia de los No Perdonados también implica una separación del Codex Astartes. Los Ángeles del Ocaso cuentan con rangos y funciones diferentes, aunque en muchos aspectos mantengan similitudes con el texto de Guilliman. Se organizan por Órdenes, que aúnan a los hermanos de batalla afines a un estilo de lucha; estas pueden considerarse equivalentes a las Compañías en cuanto a tamaño, pero no en funcionamiento.
Cuando van a la guerra, los Ángeles del Ocaso convocan Huestes para cometidos específicos. El Concilio determina quién dirige la Hueste y qué unidades participarán, combinando elementos de las dos Alas y las distintas Órdenes. Esta tradición les ha permitido sobrevivir durante diez milenios. Una vez constituida, la Hueste actúa como una entidad independiente; algunas solo existen para una campaña, mientras que otras permanecen activas durante siglos.
El capítulo no cuenta con un Señor de Capítulo único, sino que está dirigido por dos iguales: los Senescales, que comparten el mando total con el Concilio como órgano asesor. Tradicionalmente, cada Senescal procede de una de las dos Alas (Ruina y Espectral), equilibrando ambas doctrinas.
Los Ángeles del Ocaso se ven a sí mismos como Hijos del León y herederos espirituales de Caliban. Cargan con la misma culpa que el resto de No Perdonados por la traición de Luther, pero no de una manera exacerbada. Consideran que los Ángeles Oscuros fracasaron en proteger Terra y Caliban, y que su deber es seguir las órdenes del Emperador y de Lion El'Jonson para proteger a la humanidad. Solo así recuperarán su honor.
Sus costumbres se basan en el honor caballeresco. Aunque reacios a liderar a otros, siempre están abiertos a luchar junto a aliados imperiales bajo el Voto del Servicio. No obstante, son fieros perseguidores de los Caídos, jurando el Voto de la Caza para recabar información y capturar prisioneros para La Roca. Este voto, en ocasiones, se extiende a otros enemigos prioritarios del Imperium.
El Servicio y la Caza son los pilares de su existencia y el camino hacia la expiación.
3.1 Organización — Las Seis Órdenes
Existen seis órdenes de combate y una dedicada a los nuevos reclutas. Cada una aúna a los hermanos de batalla afines a un estilo de lucha, y son equivalentes en tamaño a las Compañías del Codex Astartes, aunque no en funcionamiento.
| Orden | Especialidad |
|---|---|
| Orden de la Corona Ensangrentada | Doctrina de asalto |
| Orden de la Espada Enlutada | Doctrina táctica (la más numerosa) |
| Orden del León Cazador | Doctrina devastadora y vehículos pesados |
| Orden del Sepulcro Eterno | Bibliotecarios, Capellanes y Apotecarios |
| Orden de la Cadena Exaltada | Dreadnoughts y Tecnomarines |
| Orden del Velo Roto | Pilotos de aeronaves y vehículos |
| Orden del Alba | Reclutas y exploradores (10ª compañía) |
3.2 Heráldica
Registro cromático de la Orden: qué color de hombrera, casco o ribete corresponde a cada rango.
| Campo | Registro |
|---|---|
| Progenitor | Ángeles Oscuros (Primera Legión) |
| Fundación | Tercera Fundación |
| Mundo natal | Ninguno — capítulo basado en flota |
| Grito de guerra | «¡Somete a tu enemigo! ¡Expía tu honor!» |
2.1.1 El Ataque a la Atalaya del Ocaso
La incipiente fuerza de combate de la Primera Legión partió con una misión clara: castigar a las flotas de Astartes Herejes que se abrían paso hacia el Ojo del Terror. Durante su periplo realizaron muchas operaciones, pero la primera verdaderamente significativa tuvo lugar en Melita Arx y fue la toma de la Atalaya del Ocaso. Esta operación tuvo un significado fundamental para la historia del futuro capítulo. Aunque esa historia estaba por llegar.
Bajo la dirección del bibliotecario Uriel, las naves de la fuerza de combate rastrearon un poderoso crucero de los Amos de la Noche: el Eclipse de Terror. Muchos de los hermanos de los Ángeles Oscuros que formaban parte de la fuerza de combate habían participado en la Cruzada de Tramas, por lo que cazar a los hijos de Kurze era especialmente importante para ellos. Esta campaña se consideró prioritaria.
Localizaron el rastro de la nave insignia de los Amos de la Noche, el Eclipse de Terror, que se había dedicado a saquear sistemas desprotegidos y hacer presa en fuerzas menores del Imperium. Durante su razzia, los Amos de la Noche habían decidido asaltar Melita Arx, un mundo del Mechanicum; un puerto espacial donde se encontraba varada una antigua fortaleza estelar conocida como la Atalaya, bajo custodia del sacerdocio de Marte.
Los Amos de la Noche asaltaron el planeta y las instalaciones espaciales buscando, en última instancia, hacerse con la poderosa base espacial. Todo cambió cuando los Ángeles Oscuros aparecieron.
El ataque fue feroz. Tras un breve combate de vacío donde los Ángeles Oscuros destruyeron todo el apoyo del navío enemigo, Mikha’el lideró un asalto orbital al mismo. Pronto la lucha estalló entre puentes, mamparas y cubiertas del crucero traidor. Los traidores no pudieron detener la furia de los Ángeles Oscuros.
Sin embargo, esta no iba a ser la última palabra de los Amos de la Noche. Tras dar por perdido su crucero, emprendieron una retirada ordenada a Melita Arx, donde ya estaban tratando de acceder a la Atalaya. Plantearon una defensa de guerrilla buscando operaciones desde las sombras para ralentizar a los Ángeles Oscuros y destruir los valiosos recursos de los astilleros. Buscaron encerrarse en las laberínticas instalaciones y atraer a sus enemigos a un conflicto largo y sangriento.
Los comandantes Ángeles Oscuros ya habían anticipado esto y, mientras el asalto al Eclipse de Terror tenía lugar, Gavrion y sus guerreros del Ala de Fuego descendieron a Melita Arx, donde recogieron el guante de sus enemigos y entablaron combate en las mismas condiciones. Durante varios ciclos, las instalaciones del Mechanicum se convirtieron en el tablero de un mortal juego de escaramuzas donde pequeñas fuerzas utilizaban el sigilo y el subterfugio para rastrear y cazar al rival. A pesar de la naturaleza sutil de las operaciones, cada enfrentamiento se cerró con un derramamiento de sangre y ejecuciones sumarias entre ambas fuerzas, sabedoras de que la piedad estaba fuera de la ecuación.
Las tácticas de terror de los Amos de la Noche no pudieron con la determinación sombría de los Ángeles Oscuros y fueron superados en su propio terreno: cazados y asesinados de manera inmisericorde. El propio Gavrion se hizo con la cabeza del comandante enemigo como trofeo tras un duelo particular en una recóndita cubierta de los astilleros.
El resto de la fuerza de los Ángeles Oscuros descendió al planeta y lanzó un asalto final a las mermadas fuerzas de los Amos de la Noche, que trataban de organizar una defensa en torno a la Atalaya. A pesar de sus esfuerzos, fueron aniquilados sin piedad.
El Hacedor Líder de Melita Arx acogió con los brazos abiertos a los Ángeles Oscuros y ofreció sus instalaciones para el reabastecimiento para futuras operaciones. La fuerza de combate apenas se tomó un descanso: requisó lo que necesitó y siguió su caza en las estrellas.
Antes de partir, Uriel tuvo un concilio privado con los líderes del Mechanicum. Les ordenó, en nombre del Emperador y del Primarca de los Ángeles Oscuros, que pusieran en funcionamiento la Atalaya, dejándoles la misteriosa profecía de su utilidad para el futuro del Imperio y de sus hermanos de batalla.
¿Qué había visto este bibliotecario en el futuro? Tal fue su autoridad que los miembros del Mechanicum acataron su petición y comenzaron la obra.
2.1.2 La Caza de Buzzrael El Negro
Los Devoradores de Mundos acudieron en multitud a Terra para la batalla final de la Herejía de Horus. Tras su derrota y posterior huida al Ojo del Terror, trataron de que la galaxia ardiese. Una de esas fuerzas en retirada estaba liderada por el capitán Buzzrael el Negro, de feroz renombre por su resiliencia incluso cuando todo estaba en contra. Su llegada tardía al conflicto hizo que la fuerza de combate a sus órdenes estuviese casi intacta. En su marcha por el Segmentum Solar, buscó su propio camino al margen de sus hermanos de Legión, evitando unirse a las fuerzas de Kharn.
Los Ángeles Oscuros detectaron a Buzzrael abriéndose paso en los estrechos de Vraksis-Vail, una zona de gravedad incierta. Aunque la flota traidora no tenía naves capitales destacadas, estaba formada por una miríada de naves de abordaje y pequeños cruceros, llenos de guerreros ansiosos de sangre y revancha.
Utilizando su movilidad superior, los Ángeles Oscuros plantearon ataques relámpago para hostigar y destruir la flota del enemigo evitando su increíble superioridad numérica. Consiguieron éxitos tempranos, eliminando a las naves de vacío más lentas y desprotegidas, pero una vez que los Devoradores de Mundos estuvieron alerta, contraatacaron. No sólo evitaban las emboscadas de los Ángeles Oscuros, sino que también ejecutaron acciones contraabordaje con una fiereza inusitada. Cuando la Primera Legión asaltaba una de sus naves, la defensa era tan sangrienta que el número de bajas no justificaba la ganancia.
Los dos líderes de los Ángeles Oscuros se dieron cuenta de que no llegaron a la victoria por ese camino y cambiaron su enfoque. Tras dañar todo lo posible a la flota enemiga, se agruparon y navegaron a través de los estrechos hacia el planeta muerto Vail. Buzzrael el Negro ordenó a sus hombres perseguir a aquellos Astartes y poner sus cabezas en el altar de Khorne. Parecía que habían mordido el anzuelo.
La fuerza de combate leal llegó primero a Vail y allí consiguió recuperar la normalidad gravitatoria, lo que le permitió retomar las operaciones de vacío con gran eficacia, dada su posición de ventaja. Atrapados entre los estrechos y las armas de la Primera Legión, los Devoradores de Mundos se precipitaron hacia el planeta en un desembarco improvisado para evitar ser masacrados en sus naves.
En ese momento, la batalla se trasladó a los yermos deshabitados de Vail. Los Ángeles Oscuros ejecutaron ataques quirúrgicos una y otra vez a las fuerzas enemigas mientras descendían y se organizaban en la superficie. Los Devoradores de Mundos sufrieron muchas bajas y perdieron multitud de naves durante la caza, pero su ferocidad y rabia fueron tales que consiguieron abrirse paso entre las fuerzas de la Deathwing para alcanzar un punto de reagrupamiento en una cordillera de nitrógeno y roca. El propio Buzzrael hirió a Mikha'el en combate singular durante esos encuentros.
Los Ángeles Oscuros se reorganizaron y prepararon un asalto a la cordillera. Estaba claro que sólo un asalto directo podría desalojar a sus enemigos y decidieron emprender la caza con esa idea. Tras un bombardeo orbital prolongado, la fuerza ocupó posiciones mientras que desplegó a los elementos disruptivos para localizar y debilitar a sus enemigos.
La Firewing, que se infiltró en los puestos enemigos, se encontró con la nada. No había rastro de los Devoradores de Mundos ni de Buzzrael el Negro: su hueste se había disuelto en la sombra. Solo dejaron un rastro: las cabezas decapitadas de los Ángeles Oscuros que habían derrotado en los abordajes espaciales y durante el desembarco. Un aviso ominoso. Un presagio de tiempos futuros y sombríos. Un mensaje de venganza.
2.1.3 La Liberación de Antioch Provecta
La campaña de liberación del sistema Antioch Provecta fue el mayor hito que definió a los Ángeles del Ocaso en la fase inicial de su historia. Desde luego, se trató de su última acción como miembros puros de la Legión de los Ángeles Oscuros y su conversión en algo diferente: aquello que, con el tiempo, acabaría siendo un Capítulo Astartes de acuerdo al nuevo Codex Astartes. Pero eso aún estaba por llegar.
Desde su acatamiento, Antioch Provecta había sido extremadamente fiel al orden Imperial. Su planeta principal, Antioch, era un enorme mundo volcánico sumido en una noche eterna por la ceniza, las tormentas y una atmósfera supercontaminada. La población vivía en colmenas subterráneas que extraían las materias primas del subsuelo. Extremadamente fértil en energía y minerales, su aportación al Imperio fue de gran valor para la Gran Cruzada.
Durante la Herejía de Horus, Antioch Provecta cayó en silencio. Su prometio, acero de alta calidad y sustancias químicas de gran potencia dejaron de fluir hacia el esfuerzo de guerra imperial. Se marcó el sistema como posible traidor, pero con el avance del conflicto ninguna fuerza leal pudo comprobar qué estaba ocurriendo.
Hasta que, tras la Batalla de Terra, la fuerza de los futuros Ángeles del Ocaso decidió investigar qué ocurría, sospechando que las fuerzas herejes que perseguían hubiesen tomado el sistema e intentasen ocultarse de su caza.
No erraban. Cuando la flota de retribución apareció en el sistema, fue atacada rápidamente por una flota estelar enemiga. Se trataba de una armada militar de gran tamaño, pero no de especial potencia. Probablemente no esperaban que una poderosa flota Astartes apareciese para someterlos, y rápidamente tuvieron que huir ante el poder espacial de la Primera Legión.
Pronto quedó claro que la rebelión y la traición estaban detrás del silencio del sistema. Los nobles locales, una vez que el yugo imperial se había aflojado por la guerra, habían tomado el poder y comenzado a erigir su propio reino.
Esta casta de nobles, que vivía en la mayor luna de Antioch, ajena al sufrimiento y trabajo de su pueblo, confiaba en crear una armada que les permitiese sobrevivir a cualquier invasión para negociar con los recursos del planeta. Incluso soñaban con expandirse a los sistemas vecinos, más débiles y con menos recursos.
Evidentemente, su locura acabó al enfrentarse a los Adeptus Astartes en toda su furia.
Aunque la flota antíochana era fuerte para los estándares del ejército imperial, carecía de la potencia, la experiencia y la determinación de una fuerza de combate transhumana diseñada para cazar a sus propios hermanos Astartes en el vacío. Los Ángeles del Ocaso desplegaron sus barcazas de batalla y sus cruceros para arrasar a los arrogantes oficiales enemigos, quienes descubrieron una amarga realidad: la traición no tenía perdón.
El avance de los Marines Espaciales hacia el corazón de Antioch Provecta y su satélite fue inexorable. Las naves que no caían en el combate de vacío eran asaltadas sin consideración por guerreros transhumanos que ejecutaban a todos los traidores.
En una última maniobra desesperada, la flota enemiga se agrupó en torno a la luna santuario para una última defensa. Su baza eran las superarmas que los nobles habían construido durante esos años en el satélite, las cuales quizás les diesen una oportunidad ante la flota Astartes. Lamentablemente para ellos, los grandes cañones y láseres de los nobles nunca abrieron fuego.
Desde la luna solo llegó silencio y la flota, desconcertada, no pudo hacer nada ante un desaforado asalto espacial liderado por miembros de la Deathwing. ¿Acaso habían sido traicionados por sus líderes? La realidad fue más prosaica: los legionarios de la Firewing se habían infiltrado en el satélite, deshabilitado sus defensas, acabado con los enemigos y ajusticiado a los nobles que dirigían aquella secesión. Apuñalaron el corazón del enemigo sin que este fuese consciente de lo que ocurría.
La flota antíochana, en su desesperación final, trató de rendirse ante los Astartes. Pronto descubrieron que la traición no tenía perdón y los Ángeles del Ocaso no detuvieron su ofensiva. Todas las naves, sus ejércitos, tripulantes y dotaciones fueron destruidos sistemáticamente. La luna de Antioch fue bombardeada sin clemencia.
La rebelión había acabado y el sistema había sido pacificado. Pero, cuando los Astartes intentaron contactar con las colmenas del planeta, no recibieron más respuesta que un silencio ominoso y terrible. Uriel, ejerciendo de oráculo, dio una torva premonición:
El descenso de los Ángeles del Ocaso
Los Astartes esperaban encontrar a un ejército enemigo; incluso estaban preparados para enfrentarse a aberraciones y hechicería, pero se toparon con algo completamente inesperado. Cada habitante de Antioch Provecta se había convertido en un arma, una criatura sin alma diseñada para atacar a los Marines sin remordimientos, sin miedo, hasta la muerte.
Millones de ciudadanos se arrojaron sobre ellos sin armas mientras balbuceaban letanías en un dialecto prohibido. Los dos capitanes dieron la orden de avanzar, instigados por Uriel, quien presentía que había algo más en el corazón de aquel lugar.
La sangre anegó los corredores y recovecos de las colmenas. Sistemáticamente, los Ángeles Oscuros avanzaron ante las oleadas de enemigos con la determinación que los marcaba como miembros de la Primera Legión. Pero, al mismo tiempo, aquella matanza sin sentido de seres humanos iba dejando mella en sus corazones. Sus armaduras negras comenzaron a teñirse del rojo de la sangre de sus enemigos.
Pero no retrocedieron. Avanzaron hacia el corazón de las colmenas dejando atrás un rastro de muerte, de almas inocentes perdidas para siempre... hasta llegar al centro de aquel mal.
No había un altar impío, ni inscripciones en las paredes, ni una masa de poseídos o un ejército listo para el combate; no había un matadero como al que se habían enfrentado. Solo el vacío de la oscuridad y un silencio espeso, donde el aire apenas se movía y la luz moría antes de tocar el suelo. Una ausencia total de vida.
Solo una armadura carmesí en medio del vacío, grabada con incisiones sacrílegas de las que manaba una miasma de energía disforme. El Portador de la Palabra no había necesitado una legión: solo antiguos hechizos y paciencia para aprovechar la furia Astartes para llevar a cabo su ritual. En un susurro, había convertido a miles de ciudadanos en la materia prima de su propia apoteosis.
Miró burlonamente a los Ángeles Oscuros, que apenas alcanzaban a comprender lo que estaba ocurriendo. Abrió los brazos y la sangre del sacrificio empezó a materializarse a su alrededor, vistiéndole con un impío poder. La realidad se rasgaba como la seda.
Uriel, que había descendido a las tinieblas, negó con la cabeza cuando por fin vislumbró lo que estaba ocurriendo y a lo que había estado ciego hasta el momento. Durante un segundo, mientras el desconocido hechicero se hinchaba de poder obsceno, los Astartes no supieron qué hacer.
Pero solo fue un momento. Mikha’el alzó su espada y dio una orden clara:
—Aniquiladlo.
La batalla fue de pesadilla, ya que lo que fue antes un Astartes estaba en plena apoteosis: su armadura se fundió con su piel, convirtiendo sus placas en hueso negro y rojo; de su espalda brotaron alas de fuego espectral disforme y sus ojos se multiplicaron por todo su rostro en una mirada al Inmaterium.
El poder de la disformidad barrió la estancia y la criatura atacó a sus enemigos con hechizos que quemaban carne y alma. Docenas de guerreros cayeron en este embate, pero la Primera Legión no rompió la formación y, con su determinación sombría, se abalanzaron sobre el Príncipe Demonio ascendido.
Los hermanos más poderosos de la fuerza de combate estaban allí e hicieron valer todo su poder. Gavrion distrajo a la bestia con la velocidad y el sigilo del Ala de Fuego, mientras Mikha’el, acumulando el odio de toda la campaña, abrió una brecha en la guardia de la criatura. Con un golpe brutal de su espada de energía, atravesó el pecho del demonio, clavándolo contra el suelo de la colmena. Uriel dirigió las energías del empíreo de vuelta al otro lado, desgarrando la fuerza espiritual del que fue antaño un Portador de la Palabra.
El fuego disforme comenzó a extinguirse de la carcasa del Príncipe Demonio. Su forma física empezaba a desmoronarse, disolviéndose en ceniza y humo pestilente. Sin embargo, no hubo dolor en su rostro monstruoso ni rabia por la derrota. Su voz se impuso antes del final:
—Creéis que esta es la única pira que arde en la galaxia y vuestra alma lo único que se desgarra... ¡Hoy los Ángeles Oscuros mueren para siempre!
Y como una vela que se desvanece de golpe, su esencia desapareció para siempre de la realidad, apenas unos instantes antes de nacer.
En el silencio de la colmena, cubiertos de sangre abominable y rodeados de cadáveres, los guerreros no celebraron nada. En silencio, hicieron control de daños y volvieron a sus naves capitales, no sin antes purificar las colmenas dejando que los ríos de lava subterráneos penetrasen en su interior y las destruyesen.
No fue lo peor a lo que se enfrentaron ese día. Al volver a la flota tras la funesta campaña, un mensaje ominoso les esperaba. A través de un canal codificado de la Legión y validado por los augures y protocolos de seguridad, recibieron la siguiente notificación:
Caliban ha sido destruido. Nuestra cuna y fortaleza ya no existen; solo queda ceniza y quebranto en el abismo.
Nuestro padre y primero entre pares, Lion El’Jonson, ha desaparecido en la tormenta. Ignoramos la naturaleza del mal que nos ha golpeado, pero la oscuridad es absoluta.
Se decreta el luto supremo y se convoca Capítulo General de inmediato. Cesad toda campaña y acudid al Cónclave. Venid cubiertos de velos y acero. El sol de Caliban se ha puesto. — Transmisión codificada de la Primera Legión
2.2 Fundación
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2.3 La Era del Imperium
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2.4 Milenio Siniestro
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2.5 Era Indómitus
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3.3 Cultura
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3.4 Doctrina de batalla
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3.5 Armería y flota
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3.6 Miembros notables
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4. Crónicas
Recopilación de informes, relatos e información clasificada a cargo del Ordo Astartes.